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El blog de decoración e iluminación de Luz Vintage
Hay un momento del año en el que el salón vuelve a reclamar protagonismo.
Las tardes empiezan a acortarse, las ventanas se cierran antes y aquel sofá que durante el verano apenas veíamos empieza a parecernos, de repente, el mejor lugar del mundo.
Sí, ha llegado el otoño.
Y antes de lanzarte a comprar mantas, cojines y velas como si fueras a hibernar hasta marzo, hay algo que puede transformar muchísimo más el ambiente: la iluminación del salón en otoño.
Porque conseguir un espacio acogedor no consiste en llenarlo de cosas.
Consiste en conseguir que, cuando llegue la tarde y enciendas las lámparas, pienses:
“Pues de aquí hoy no salgo.”
Durante los meses con muchas horas de luz natural apenas pensamos en ello.
Pero cuando anochece antes aparece el clásico problema: encendemos la lámpara principal y pasamos directamente del agradable atardecer a tener todo el salón completamente iluminado.
Demasiado.
Para crear un ambiente otoñal agradable necesitamos recuperar las capas de iluminación.
Luz general cuando sea necesaria.
Apliques para las paredes.
Una lámpara de pie junto al sofá.
Y pequeños puntos de luz que podamos encender según el momento.
La diferencia es enorme.
Sofá.
Butaca.
Libro.
Serie.
Conversación.
Sea cual sea tu plan favorito, esa zona merece una iluminación propia.
Una lámpara de pie como Calipso, con acabado negro, permite añadir un punto de luz independiente de la iluminación general y crear una sensación mucho más íntima.
Colócala junto al sofá o cerca de una butaca.
Así, cuando llegue la noche, no tendrás que iluminar todo el salón para disfrutar cómodamente de ese rincón.
Y esto parece una tontería hasta que empiezas a hacerlo.
Después cuesta muchísimo volver a la gran luz del techo.
Este es uno de los trucos que más cambia la percepción de un salón.
Cuando toda la iluminación viene desde arriba, las paredes pueden quedar oscuras y el espacio pierde profundidad.
Añadir apliques soluciona ese problema y, además, hace que el ambiente resulte mucho más envolvente.
Amina, con acabado efecto latón y sus dos bolas de cristal opal, combina precisamente dos materiales que funcionan especialmente bien en esta época: metal cálido y cristal.
Otra opción es Nisa, con su tulipa de cristal rayado, perfecta para introducir textura y pequeños reflejos sobre la pared.
No necesitas colocar apliques por todas partes.
Uno o dos puntos estratégicos pueden cambiar completamente la estancia.
Cuando buscamos calidez solemos pensar en la temperatura de color de la bombilla.
Pero el material de la lámpara también influye muchísimo.
Una pantalla textil filtra y suaviza la iluminación, haciendo que resulte visualmente más agradable.
La lámpara de techo Todore, con pantalla de rejilla de lino blanco, encaja perfectamente en esta idea.
El lino aporta textura incluso cuando está apagada y ayuda a crear esa sensación de confort que buscamos cuando empieza el otoño.
Además, los tonos claros permiten introducir fibras y tejidos sin hacer que el salón resulte visualmente pesado.
Hay materiales que parecen hechos para esta época.
Latón.
Cristal ámbar.
Madera.
Tejidos naturales.
No porque tengamos que convertir el salón en una cabaña de montaña, sino porque sus tonalidades reaccionan especialmente bien con una iluminación cálida.
Una lámpara colgante vertical Shoko, disponible en acabados como el cristal opal, puede aportar ese punto elegante sin necesidad de recargar la decoración.
Utilizada en un rincón, junto a una mesa auxiliar o formando una composición, permite introducir luz desde una altura diferente.
Y precisamente esa mezcla de alturas es la que hace que un salón parezca mucho más trabajado.
Esto cambia bastante la forma de pensar la iluminación.
En lugar de preguntarte:
“¿Cuántas lámparas necesito?”
pregúntate:
“¿Qué quiero tener encendido cuando esté tranquilamente en el sofá?”
Quizá Calipso junto a la butaca.
Amina iluminando una pared.
Nisa aportando un pequeño punto ambiental.
Y nada más.
No necesitas que cada centímetro del salón tenga la misma intensidad.
De hecho, las zonas ligeramente más oscuras ayudan a crear profundidad y hacen que los puntos iluminados resulten todavía más acogedores.
Quizá esa sea una de las cosas bonitas del cambio de estación.
Durante el verano queremos salir.
En otoño empezamos a disfrutar otra vez del interior.
Regresan las tardes de sofá, las cenas tranquilas y ese momento en el que fuera empieza a refrescar mientras tú estás perfectamente bien dentro.
Y para conseguir esa sensación no necesitas transformar toda la decoración.
Baja la intensidad.
Enciende la lámpara de pie.
Deja que algún aplique ilumine suavemente la pared.
Y apaga esa luz central que parece empeñada en recordarte que todavía tienes cosas pendientes.
Porque una buena iluminación de salón en otoño debería conseguir exactamente eso:
que mires hacia fuera, veas que empieza a oscurecer y pienses…
“Qué bien se está aquí.”