Septiembre tiene una habilidad curiosa: llega sin hacer demasiado ruido y, de repente, a las ocho de la tarde estás pensando:

“¿Pero cuándo ha empezado a anochecer tan pronto?”

Los días comienzan a acortarse, recuperamos horarios, pasamos más tiempo dentro de casa y aquellos rincones que durante julio funcionaban perfectamente con luz natural empiezan a necesitar ayuda.

Y aquí viene lo interesante: adaptar la iluminación de casa en septiembre no significa llenar las habitaciones de lámparas ni prepararnos ya para el invierno.

Se trata de hacer una pequeña transición.

Recuperar puntos de luz, crear ambientes más acogedores y preparar la casa para una época en la que, poco a poco, volveremos a depender más de la iluminación artificial.

Así que antes de sacar la manta del sofá —que todavía tenemos tiempo—, empecemos por la luz.

Septiembre no pide más luz: pide recuperar las capas

Durante el verano simplificamos muchísimo la iluminación.

Entramos y salimos.

Las ventanas permanecen abiertas.

La luz natural aguanta hasta tarde.

Pero en septiembre volvemos a utilizar la casa de otra manera.

La solución no consiste en encender la lámpara central antes, sino en recuperar diferentes capas de iluminación.

Techo, paredes, lámparas de pie, puntos de lectura…

Así podemos adaptar la cantidad de luz a cada momento del día sin pasar directamente del precioso atardecer de septiembre a tener el salón iluminado como un quirófano.

Empieza por los puntos de luz que llevas todo el verano ignorando

Aplique Elaine en acabado dorado con bola de cristal tallado iluminando una pared junto a un espejo y consola de madera.
Aplique Elaine
Aplique Euna de brazo metálico con tulipa de cristal iluminando un rincón de lectura junto a un sofá.
Aplique Euna

Haz una pequeña prueba.

Esta noche, cuando empiece a oscurecer, no enciendas automáticamente la lámpara principal.

Mira alrededor.

¿Hay una esquina demasiado oscura?

¿El aparador desaparece?

¿La zona del sofá necesita algo de luz?

Los apliques son perfectos para recuperar esos puntos intermedios.

Elaine, con su bola de cristal, permite introducir una iluminación decorativa sobre la pared y crear profundidad sin ocupar espacio.

También Euna, con tulipa de cristal, puede aportar ese punto de luz secundario que empieza a apetecer cuando los días se hacen más cortos.

La diferencia parece pequeña.

Hasta que los enciendes.

Recupera tu rincón favorito del salón

Durante julio quizá has pasado más tiempo fuera que sentado en tu butaca favorita.

Septiembre cambia las cosas.

Vuelven las tardes tranquilas, las series, los libros y ese momento de llegar a casa después de todo el día y pensar: de aquí ya no me mueve nadie.

Aquí una lámpara de pie puede hacer maravillas.

Elin, con estructura de madera y pantalla, aporta una combinación especialmente interesante para esta época: iluminación ambiental y materiales visualmente cálidos.

Colócala junto al sofá o cerca de una butaca y tendrás un rincón que funciona tanto para leer como para crear ambiente.

Además, la madera ayuda a introducir ese cambio de temporada sin necesidad de transformar toda la decoración.

Lámpara de pie Elin de madera con pantalla blanca iluminando un rincón acogedor junto al sofá.
Lámpara Elín

Septiembre también significa volver a leer, estudiar y trabajar en casa

Aplique negro con foco lector iluminando un escritorio de madera junto a una cama en un dormitorio acogedor.
Aplique Dada

No todo iba a ser sofá y mantita.

Septiembre es también el mes de recuperar rutinas.

Trabajo.

Estudios.

Lecturas.

Deberes.

Y ahí necesitamos una iluminación más funcional.

Un aplique negro con foco lector como Dada puede ser una solución especialmente práctica junto a una cama, escritorio o rincón de lectura, porque permite concentrar la luz en una zona concreta.

Este tipo de iluminación tiene una ventaja importante: puedes utilizarla sin encender toda la estancia.

Y eso ayuda muchísimo a crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación.

Revisa la iluminación general antes de que llegue el otoño

También es un buen momento para mirar hacia arriba.

Literalmente.

Comprueba si la iluminación principal sigue respondiendo a las necesidades de la estancia ahora que vas a utilizarla durante más horas.

Una lámpara como Bardo, con sus bolas de cristal, puede funcionar como pieza protagonista y aportar una iluminación general con un fuerte componente decorativo.

Y esto es importante.

Que una lámpara tenga una función práctica no significa que deba desaparecer visualmente.

Septiembre también puede ser una buena excusa para renovar esa pieza que llevas meses mirando y pensando:

“Algún día la cambio”.

Bueno.

Quizá el día sea hoy.

Lámpara Bardo negra con dos bolas de cristal iluminando una mesa de comedor en un salón contemporáneo.
Lámpara Bardo

Empieza a preparar una iluminación diferente para la noche

Uno de los cambios más interesantes que podemos introducir en septiembre es dejar de utilizar la misma iluminación a todas horas.

Por la tarde quizá necesitas una luz más funcional.

Después de cenar, no.

Ahí puedes apagar la iluminación principal y dejar únicamente algunos apliques o lámparas auxiliares.

Un modelo como Felic, con sus dos bolas de cristal y acabado brillante, permite incorporar luz a media altura y añadir además un punto decorativo a la pared.

Combinarlo con una lámpara de pie crea esa sensación de profundidad que encontramos constantemente en hoteles y restaurantes bien iluminados.

No es casualidad.

Nuestro cerebro interpreta los distintos niveles de luz como un ambiente más rico y confortable.

Aplique Felic cromado con dos bolas de cristal opal en un salón luminoso de estilo contemporáneo.
Aplique Felic

Haz la transición antes de necesitarla

No esperes a noviembre para descubrir que media casa está demasiado oscura.

Septiembre es el momento perfecto para observar cómo cambia la luz natural.

Durante unos días, presta atención a tres momentos:

Por la mañana: ¿qué zonas necesitan apoyo antes de salir de casa?

Al atardecer: ¿qué rincones empiezan a quedarse oscuros primero?

Por la noche: ¿puedes estar cómodamente sin encender todas las luces?

Estas tres preguntas te dirán muchísimo más sobre las necesidades reales de tu vivienda que simplemente contar cuántas lámparas tienes.

Septiembre también puede cambiar cómo se siente tu casa

Quizá eso sea lo bonito de este mes.

Todavía queda verano, pero empezamos a recuperar poco a poco el placer de estar dentro.

Las cenas vuelven al comedor.

El sofá recupera protagonismo.

Los libros regresan a la mesilla.

Y empezamos a encender algunas lámparas que llevaban semanas prácticamente de vacaciones.

Por eso adaptar la iluminación del hogar en septiembre no consiste simplemente en compensar que tenemos menos horas de sol.

Consiste en preparar la casa para volver a disfrutarla de otra manera.

Empieza por un aplique al atardecer. Después enciende esa lámpara de pie junto al sofá. Deja la luz del techo para cuando realmente haga falta.

Y observa el cambio.

Porque quizá septiembre no sea el final del verano.

Quizá sea simplemente el momento en el que volvemos a enamorarnos del interior de nuestra casa.

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